Síndrome de Tourette

El sindrome de Tourette es una forma más que grave y crónica de tics múltiples que se repiten irregularmente y acrecientan con las situaciones de estrés. Este trastorno neurológico puede llegar a originar dificultades en adaptación social en el afectado.

El síndrome de Tourette es un trastorno neurológico que lleva al que lo sufre a hacer movimientos y sonidos de manera involuntaria y sin un fin concreto, que se repiten irregularmente y se amplifican con las situaciones de estrés. Se considera que la enfermedad de Gilles de la Tourette es una forma grave y crónica de tics de distintos tipos.

Los primeros síntomas del sindrome de Tourette pueden aparecer entre los siete y los diez años de edad, y su intensidad es muy inconstante, inclusive en el mismo paciente, ya que puede haber periodos con muchos tics, que se repiten con suma periodicidad, y otros en que usualmente desaparecen. Los niños poseen más posibilidades que las niñas tanto de sufrir la enfermedad como de desarrollar síntomas.

Tipos de tics

Los tics pueden clasificarse como simples o complejos:

Tics simples

Son aquellos movimientos breves e imprevistos que implican un número limitado de grupos musculares. Aunque pasan de manera más aislada, con periodicidad se repiten. Algunos ejemplos son: parpadear, mover la cabeza, encogerse de hombros, arrugar el entrecejo, aspirar aire sonoramente por la nariz.

Tics complejos

Se trata de movimientos coordinados y sucesivos que comprometen varios grupos musculares, como por ejemplo saltar, patalear, tocar y olfatear personas y objetos, coprolalia, es decir, el uso involuntario de palabras obscenas, etcétera.

Causas del síndrome de Tourette

Hoy en día no se conoce la causa del sindrome de Tourette, aunque se cree que puede estar vinculada con dificultades en algunas zonas del cerebro y variaciones en las sustancias químicas, serotonina, dopamina y norepinefrina, las cuales se encargan de facilitar la comunicación entre las neuronas.

Síntomas

El Sindrome de Tourette se desarrolla durante las dos primeras décadas de la vida, y dentro de la misma familia puede encontrarse mucha inestabilidad en la expresión de la enfermedad.

Habitualmente, la primera manifestación del trastorno es un tic facial, es decir, en el rostro, y es típico que cada paciente tenga un prontuario más limitado de tics, por lo que siempre se van a repetir los mismos.

Con el pasar del tiempo, los pacientes presentaran múltiples tics motores que son muy inconstantes, tanto en su expresión, como en la duración de los mismos.

Abarcan desde el constante parpadeo o las muecas faciales, a expresar sonidos guturales, carraspeos y aspiración de aire sonora y repetitiva, pataleos, contracciones en el vientre o del tórax, sacudidas y torsiones del cuello y encogimiento de los hombros, entre otros tantos.

A las sensaciones bruscas que pueden sentir estos enfermos en ciertas zonas del cuerpo, como picor, cosquilleo, presión, se les ha llamado como tics sensitivos.

Los tics verbales incluyen ecolalia, es decir, repetir lo que escuchan, y coprolalia, que es el uso involuntario de palabras obscenas. A su vez escupen o presentan copromimia, que son gestos insultantes.

La intensidad y frecuencia de los tics pueden ir empeorando o mejorar a lo largo del día, y depende del tiempo, pero habitualmente la enfermedad suele mejorar tras la adolescencia, que es la peor época, sobre todo por los trastornos de conducta; así, la habitualidad de tics graves y coprolalia suele disminuirse al llegar a la edad adulta.

Los pacientes con sindrome de Tourette poseen una inteligencia normal, pero pueden tener ciertos problemas de aprendizaje durante la infancia a consecuencia de los tics, o por los trastornos que se vinculan a esta enfermedad, como el trastorno obsesivo-compulsivo o el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).

Asimismo, pueden presentar alteraciones de conducta, como agresividad, aislamiento social y de los patrones de sueño, o sea, dificultades para controlar los impulsos, depresión y ansiedad.