El aborto y su diagnóstico fetal

Al margen de todas las cuestiones morales, la idea de que el aborto habría de estar regido por unos estrictos condicionantes ha quedado ampliamente superada.

Las estadísticas nos lo indican de manera rotunda. En Asturias, Aragón, Cataluña y Madrid, más de la mitad de las jóvenes menores de veinte años que quedan embarazadas deciden abortar.

Es decir, más del 50% de embarazos se interrumpe. En otras regiones, la cantidad roza el 40%. Las cifras vienen a demostrar que, de hecho, el aborto es la consecuencia de la mayoría de embarazos no deseados sin más supuestos.

El aborto y su diagnóstico fetal

La primera conclusión que puede extraerse de este abultado número es que el segmento joven no accede fácilmente a los sistemas de control de natalidad, ya sea porque no están muy a mano o porque no hay formación suficiente.

En todo caso, las parejas adolescentes (que tienen relaciones sexuales, lo quiera el resto de la sociedad o no) carecen de una adecuada información acerca de los sistemas que se pueden utilizar para impedir el embarazo.

Las malformaciones

Pero queríamos llamar la atención sobre una consecuencia tan importante como poco difundida: los estudiosos de la neonatología advierten que se están distorsionando todas las estadísticas de malformaciones congénitas.

Se supone que el índice de defectos sigue siendo el mismo en cuanto a número de concepciones. Pero nada se sabe del índice de los nacidos vivos.

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Dado la cantidad de abortos, es estadísticamente muy significativo, el hecho de que no se realicen estudios fetales ni haya diagnósticos prenatales, y ni siquiera se analicen los restos del aborto no permite saber qué es lo que está ocurriendo.

No se sabe, por ejemplo, si los índices de contaminación inciden en esas malformaciones, ni si la maternidad temprana (16 años de media) tiene alguna influencia en el feto.

Y lo que puede ser más grave: al no tener información previa no puede haber consejo prenatal, en el caso de que una madre que haya abortado a los 17 años quiera, años después, tener un hijo.

¿Sería descabellado solicitar de las clínicas especializadas un estudio fetal de cada aborto?, ¿no sería posible que los expertos en malformaciones establecieran un test que, de manera rápida, permitiera reconocer si hay o no hay malformación, y profundizar después en caso positivo?

Debemos insistir: la cifra de abortos es de tal amplitud que la incidencia de malformaciones queda totalmente desdibujada.


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