El embarazo es uno de los momentos más fascinantes para cualquier mujer; sin embargo, existen ciertas condiciones que pueden afectar la vida de la madre y de su hijo.
Entre las más frecuentes están la preeclampsia y las hemorragias asociadas con abortos.

La ginecóloga Marina Padilla de Gil dice que la enfermedad se caracteriza por la elevación de la presión arterial (hipertensión), acompañada de la eliminación de proteínas por la orina o de retención de líquidos (edema), que se desarrolla entre la vigésima semana del embarazo y el final de la primera semana después del parto.
La patología es frecuente en el primer embarazo, tanto en mujeres demasiado jóvenes o muy mayores. Las causas de su aparecimiento todavía se desconocen, pero se sabe que el riesgo más importante es el desprendimiento prematuro de la placenta de la pared uterina.
Usualmente, la primera manifestación es la inflamación de los pies y de las manos y, a veces, el aumento excesivo de peso.
En la preeclampsia, la presión arterial es superior a 140/90 mm Hg, aunque las mujeres cuya presión arterial aumenta notablemente pero permanece por debajo de los 140/90 también se consideran en riesgo.
No obstante, la hipertensión durante el embarazo se puede detectar con los chequeos de presión que su médico hará en cada control prenatal.
De acuerdo con la especialista, en los últimos meses de embarazo es cuando empiezan a darse los problemas de presión. Si la condición no cede, el médico recomienda adelantar el nacimiento.
“Si la enfermedad no se controla a tiempo se pasa a la eclampsia, una forma de preeclampsia más grave que provoca convulsiones o coma.”
El tratamiento
A diferencia de la hipertensión, la preeclampsia y la eclampsia no responden a los diuréticos (fármacos que eliminan el exceso de líquido) ni a las dietas de bajo contenido en sal.
A las mujeres con este padecimiento se les recomienda que consuman una cantidad normal de sal y que beban más agua. El reposo en cama también es importante.
Otra recomendación es que la paciente se acueste sobre el lado izquierdo, así se ejerce menos presión sobre la gran vena del abdomen, que devuelve la sangre al corazón, y mejora el flujo sanguíneo.

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